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rani

Las Gafas

Las Gafas  

Una ensalada y algo de fruta; había estado picando con los amigos y casi se me había quitado el apetito
Lo dispuse todo en la bandeja y me dirigí al salón; me senté en el sofá y tomé el mando a distancia de la televisión, dispuesta a pasar un rato agradable. Pulsé un número al azar, estaban las noticias; en la primera cadena decían “niña de cinco años  en coma por presuntos malos tratos”; en la segunda “mujer muere golpeada por su marido”; intenté otro número “mueren 15 personas en accidentes de tráfico”; probé con otro botón “oleada de inmigrantes en Canarias, mueren 12 en una patera”...

No podía comer nada, mis ojos estaban puestos en la televisión y mi dedo sólo sabía moverse de un lado a otro del mando a distancia. Las noticias eran siempre las mismas, “mata a un compañero de trabajo porque no quería compartir un cupón premiado, el paro crece en España en el mes de Marzo, interceptan un cayuco con 31 inmigrantes, crisis humanitaria en Mauritania, el 92% de la población negra Latinoamericana vive en la pobreza, pagan a un jugador de fútbol la escalofriante suma de 61,7 millones de euros…La cabeza empezaba a darme vueltas con tantas noticias.

Me dije “¡basta!”, tanta miseria, desgracia, egoísmo, infelicidad, pobreza, hambre, violaciones, injusticias…etc.
Sin haber probado bocado, dejé la bandeja encima de la mesa auxiliar y me tumbé en el sofá con los ojos abiertos, pensando en que solución habría para todo esto.

Me sacó de mi sueño el despertador, sonando a las 7:30 de la mañana. Me levanté y fui al baño a lavarme la cara, alcé la cabeza y ensimismada, mirando sin mirar a ningún punto en concreto, encontré la solución a lo que estaba buscando, me compraría unas gafas para cambiar el mundo.
Mientras me secaba la cara, caminaba hacía el teléfono, llamé a la oficina y les dije que me había levantado con fiebre y que no iría hoy a trabajar. Me vestí lo más rápido que pude y desayuné sólo un vaso de leche, quería estar la primera para cuando abrieran los negocios.
Dejé el coche aparcado en doble fila y empecé a caminar, iba entusiasmada por la idea. Entré en la primera tienda de la calle, la dependienta, muy amablemente me preguntó:
- Buenos días señora, ¿qué desea? -
- Buenos días, quería unas gafas para cambiar el mundo – le contesté.

Ella me miró muy extrañada y me volvió a preguntar algo sorprendida:

-¿Unas gafas…para cambiar qué?. De eso no tenemos nada, ni creo que lo encuentre-.

Me dijo muy amablemente, a lo que yo me despedí muy educadamente y seguí mi camino hacia otro establecimiento.
En la segunda tienda que entré, me dije que tendría suerte. Se trataba de una óptica con infinidad y variedad de gafas. Antes de que ellas me preguntaran algo, yo me anticipé y les dije que si tenían gafas para cambiar el mundo. Las dos se pusieron a reír e inmediatamente se fueron a atender a otra persona que en ese momento entraba, talvez, porque pensaban que estaba algo loca.

Así fue pasando la mañana; hasta que ya bien entrada la noche, desistí en mi búsqueda y triste, regresé a casa sin lo que tanto anhelaba.
Me senté en el sofá, abatida y sin ganas de nada. Así estuve un buen rato, hasta que pensando y pensando… “¿Y por qué no?. Me levanté de un saltó y me dirigí a la habitación, busqué en una caja que tenía dentro del armario y encontré lo que tanto había estado buscando todo el día, encontré las gafas para cambiar el mundo, las tenía en casa y no lo sabía.
Corrí por el pasillo hasta llegar al salón, me senté cómodamente y  encendí la televisión, de nuevo estaban las noticias. Limpié mis gafas con mucho cuidado y me las puse. ¡Qué diferencia en lo que oía y veía, con respecto a las que había escuchado por la mañana!. Decían: “la niña de 5 años crece feliz con unos nuevos padres, todas las personas son libres para circular por el mundo, la violencia de género ha desaparecido, las personas creen más en ellas mismas; la pobreza se erradicó del mundo al igual que el hambre…y así una tras otra, fueron cambiando al tener esas maravillosas gafas.

Tan dormida estaba, que no oí el despertador, cuando sonó a las 7:30 de la mañana y su sonido me devolvía a la realidad. Abrí los ojos, y quieta en mi cama, descubrí que todo había sido un sueño,!pero qué bonito sueño !. Me levanté, me puse las zapatillas, busqué en el armario la caja y saqué unas gafas, eran las mismas con las que había soñado.

Y me dije “¿Por qué no pueden ser éstas las gafas para cambiar el mundo?.

Creo que todos tenemos unas guardadas en nuestro armario y que aún no las hemos descubierto.

 Colorín colorado este cuento se ha terminado, sino levantas el culo se te habrá pegado.

2 comentarios

rani -

Por lo menos tiene usted gafas, algo es algo.
Besos señor Gatopardo.

Gatopardo -

No puedo salir a la calle sin tener puestas mis gafas oscuras. Quizás en algún momento la oscuridad en la que vive la humanidad y la oscuridad de mis gafas se anulen mutuamente...

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